Dulce de leche
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El primer problema que se me presenta con el dulce de leche es de dónde sacarlo. Los supermercados no me gustan porque siempre me pierdo entre las góndolas, y el almacén que tenía cerca de casa cerró el mes pasado. Hace unos días quise preparar dulce de leche yo mismo, pasé revolviendo como diez horas, y al final me quedó blanco arriba y quemado abajo. La verdad es que, si yo decidiera las cosas que suceden en este mundo, lo que haría es que el dulce de leche salga de un pozo de la tierra, como el petróleo, y que fuera gratis, como el agua de la canilla.
Una vez obtenido el dulce y empaquetado en un estuche de cristal fino, lo llevaría a una fiesta cualquiera, haría una burbuja enorme de dulce de leche soplando con un sorbete y la reventaría en la cara de alguno que se quedó dormido.
Otra cosa que haría es untar un globo de helio con dulce de leche y largarlo al aire, a ver si vuela.
Le cambiaría el nombre. Seguramente cualquier apodo que se me ocurra ahora va a sonar ridículo, pero, si lo pensamos bien, no serían inadecuados nombres como “manjar del misterio” o “elíxir del lecho del Río de la Plata”.
Llenaría una olla con dulce de leche, una bañadera con dulce de leche, una piscina gigante con dulce de leche, y batiría hasta formar un remolino peligroso, de esos que tragan náufragos y barcos. El remolino empezaría a girar por sí mismo. Pondría a un hombre al borde de esa piscina y le haría elegir si salta o no. Quizás yo sería ese hombre, aunque todavía no estoy seguro.
El punto anterior del remolino me trae la idea de que el dulce de leche, así de manso que parece, es capaz de tragarnos a nosotros si le damos la chance. Nos puede atrapar y digerir lentamente, como una especie de pantano glotón y legendario.
Cambiemos de tema. Algo que se me ocurre es leer a la gente la borra del dulce de leche, es decir, las huellas que deja en el frasco. Por supuesto, iría a las plazas y haría gestos de vidente entrenado mientras lo hago. Nada en mi cara dejaría ver a los otros que estoy mintiendo.
Inventaría un mecanismo para poder transmitir dulce de leche por teléfono, a través de los cables o vía satélite.
Ya que hablamos de negocios, también inventaría un nuevo método de depilación con dulce de leche. Calentaría el dulce de leche en la estufa y lo aplicaría a las piernas. Al enfriarse, tiraría con toda mi fuerza y las mujeres gritarían.
Algo que haría y que no tiene nada que ver con el dinero es poner el dulce de leche bajo la luz de un candelabro antiguo, solamente para mirar el brillo de los rulos color castaño.
Llenaría una hoja en blanco con cientos de huellas de mi dedo pulgar, impresas en dulce de leche. Se formaría una especie de laberinto con pequeños surquitos por todos lados. Luego agarraría un lápiz y, desde el centro del laberinto de dulce de leche, trataría de llegar a la salida.
Llevaría el dulce de leche al polo, lo congelaría y haría ladrillos, ladrillos de dulce de leche, para construir mi casa.
Usaría el dulce para practicar hechizos, mezclado con esencia de vainilla y azafrán.
A veces me sale la maldad de adentro, y entonces convertiría al dulce de leche en pescado, en preso de cárcel de Mongolia, en abejorro de un panal perdido. Es que puede pasarme que me empalago, o se me cae la cuchara y en vez de ir a limpiar todo, me tomo venganza con el pobre dulce de leche.
Cuando me enojo soy terrible y trato de rebajar al dulce de leche a la instancia de croqueta. Para que no se haga el interesante, para que se acostumbre a las durezas del pan.
Mediría el tiempo que tarda en caer una gota larga, muy larga de dulce de leche. Grabaría su caída en video y pensaría en la eternidad.
Hablando de cosas filosóficas, les cuento que un hilo de dulce de leche puede ser infinitamente dividido, según el griego Zenón, de tal forma que no llego nunca a lamerlo, porque para lamer el hilo entero de dulce tengo que lamer primero la mitad, y para lamer esa mitad tengo antes que lamer la mitad de la mitad, y para lamer la mitad de la mitad tengo que antes lamer la mitad de la mitad de la mitad, y así podría seguir un rato muy muy largo pero la verdad que no quiero aburrirlos para siempre. La cuestión es que nunca pruebo ni un bocado de dulce de leche.
A veces, dependiendo del humor, retorcería todas las cosas que me rodean hasta hacerlas a todas de dulce de leche. Cambiaría hasta el aire por dulce de leche, ¿me entienden? Sería como una especie de mundo de dulce de leche.




locaporlaluna dijo
Le confieso que nunca me pareció muy manso el dulce de leche pero no quiero quitarle esta enorme ilusión que destila acerca de su dulce objeto.
Este exilir del Ril de la Plata, como bien lo llama, es el responsable de las cuitas de un sinfín de pacientes en mi consultorio. Creo que voy a imprimir su post para ofrecerlo conjuntamente con la dieta, así entienden que deben darle todo tipo de uso menos comerlo. Gracias Joro!
13 Septiembre 2007 | 03:58 AM