La Coctelera

El Jorobadito

3 Agosto 2007

Nastraienie (2)

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Un teatro durante las horas que no hay función ni ensayo: el micrófono de pie en el centro del escenario, que por lo demás está vacío. El telón abierto, la penumbra.

servido por Rigoletto 4 comentarios compártelo

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Yamandú Cuevas

Yamandú Cuevas dijo

Una de las cosas que ma me tiene inquieto de este cuento es el insoportable marco de libertad que me propone. Todo el tiempo estoy pensando donde me pongo, si en la platea, si en el escenario, si corro por los corredores aprovechando que no hay nadie o grito por el micrófono a ver si anda o qué. Nadie dice que yo tenga que estar ahí pero me gusta la idea, así que mientras leo y un rato más estoy ahí. Y me inquieta. Como que quiero irme pero quedarme. ¿Habrá alguien más escondido por ahí?, si hay alguien más, porqué tiene que estar escondido, de hecho yo no lo estoy. O me metí en este lugar para esconderme. Las cosas en que me hace pensar Don Rigoleto...

4 Agosto 2007 | 02:02 AM

locaporlaluna

locaporlaluna dijo

Y un frío de cmorirse....!

4 Agosto 2007 | 02:23 AM

raultw

raultw dijo

....y detras de esa penumbra que guarda entre sus sombras, estan aquellos cientos de fantasmas,de tardes-noches-madrugadas, de otras tantas funciones desplegadas.... hombres grises, damas, de noche, piratas, vendedores y aquel Chaplin genial de la humorada. Andan inquietos, cavilantes, presagian la tormenta... caminan sin rumbo el escenario, murmurando pequeñas historias de silencio... Estan alli y yo los veo.
Un saludo cordial desde el otro lado.

4 Agosto 2007 | 04:46 AM

Rigoletto

Rigoletto dijo

Don Cuevas que está inquieto, doña Lucía que tiene frío, los fantasmas galopando y desde el palco, un habitante de Trelew extasiado por la escena. No, no se puede estar tranquilo ni siquiera escondiéndose en un teatro en penumbras. Grrr, ¡mejor me voy!

5 Agosto 2007 | 12:43 AM

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El Jorobadito

Montevideo, Uruguay
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No muchos lamentan el estrangulamiento de Rigoletto. Durante su piojosa existencia, sin embargo, este ingeniero del betún se dedicó a escribir y recopilar documentos que hoy inspiran lástima y aumentan nuestro desconcierto. He aquí cómo un contrahecho personaje de arrabal, un vendedor de esmeraldas falsificadas, escondía en su guarida inquietantes manuscritos. En estas sucias páginas se reproducen fielmente las absurdas sensiblerías de El Jorobadito.

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