La Coctelera

El Jorobadito

13 Junio 2007

El inspector-jefe Botinelli en... No sabe / No contesta.

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1 a.m. El oscuro y solemne despacho vibra de repente en do mayor. Es el teléfono violeta del inspector-jefe Botinelli, que atiende averiado. Una voz de vieja convulsiva lo deporta de la calma y acto seguido lo atormenta con cancionetas sobre un probable crimen hecho con manteca. Otra vez la misma historia, masculla Botinelli mientras enciende el cenicero y se pone a recordar penales atajados. La vieja le dice que está en el patio de una plaza, donde el muerto la sigue mirando hambriento y sin haber perdido aún ni un pelo. Botinelli rasguea la dirección en su mano, sobre la línea de la vida, y luego de bañarse y tomarse dos cafés livianos, sale como un rayo hacia el desconsolado rincón donde otra vez la violencia y la muerte lo estarán esperando con los dientes podridos.
Pero hete aquí que cuando llega al lugar de los hechos se encuentra, entre el cadáver tembloroso y un ceibo en flor, a una ferviente y perentoria dama de la estirpe de Anita Ekberg, con la pollera más arrugada del mundo y unos borceguíes de lana. No puede ser, masculla Botinelli, porque no entiende que ésta sea la mujer del llamado, pero efectivamente, cuando ella lo ve, se abalanza sobre él del modo más sensual y le dice defiéndeme con voz de vieja convulsiva. Botinelli retrocede, se escuda con su birome mágica mientras piensa qué debe hacer en ese gran momento: cómo defenderla, cómo investigar el crimen, cómo entender aquella voz, hasta que un disparo proveniente de una higuera lo devuelve a la cruda realidad y ve llegar desde otro extremo de la plaza a una señora compungida, evidentemente la esposa del difunto.
Se saludan las dos mujeres, la compungida se arrodilla en el pasto congelado y besa los borceguíes de Anita, que le responde con una patada en la cara y luego con una caricia en la nariz llena de sangre. Botinelli se rasca la cabeza, mientras Anita se arrodilla también y lame la sangre que cae de la nariz de la compungida, que entonces ya deja de parecer tan compungida y lame a su vez la cara de Anita, y así las dos mujeres sonrientes bañan sus rostros en saliva, se escupen en un ojo y en el otro, se abrazan y meten las manos por debajo de las polleras. Ese es sólo el comienzo, y de más está decir que mientras Botinelli quiere confirmar el estado fatal del cadáver, su bragueta sufre un atroz despertar que no hay cadáver que lo detenga, y para qué te cuento, si Anita y la compungida se acarician las nalgas con una mano y se dan cachetazos con la otra, se muerden la oreja y todas esas cosas. Botinelli se acerca fingiendo ante sus lectores que quiere separarlas, pero ya todos conocemos al inspector-jefe y no nos engaña más, lo cierto es que quiere pertrecharse una soberbia manoseada desde un buen ángulo, sobre todo cuando ve que Anita se levanta y ata su larga cabellera rubia al pelo de la compungida, giran amarradas de las cabezas y se ponen de espaldas, y luego frotan entre sí las nalgas hasta que las polleras se agrietan y ellas pierden la sensibilidad de sus culos redondos, bien golosos, que Botinelli dibuja en su mano para obtener mejores resultados.
Las mujeres siguen chocando sus culos y se agarran de las tetas, así de espaldas como están, sin parar de gemir, hasta que el muerto se despierta y ahí sí que se arma la gorda, porque parece que el muerto era amigo de las dos y ahora ellas se empiezan a pelear, enlazadas como están, y se encajan tacazos en los muslos o se comprimen los pezones hasta hacer saltar leche a la cara del difunto, que bebe sorprendido y opina que le falta azúcar. Tal revelación enerva a las mujeres, que de pronto lo miran con desprecio y juran venganza eterna, entonces es cuando Botinelli debe interrumpir sus trámites y salta desde la oscuridad con un brazo en alto y la espada de juguete, para hacer reinar la paz en ese conventillo de poca monta.
Lo que no intuye Botinelli es que Anita no se acobarda y comienza a caminar hasta él, arrastrando a la compungida que va tropezando marcha atrás, revolviendo los calores y juzgándose potrilla juguetona frente al muerto, que le gusta la idea y con una pañoleta sujetada en la entrepierna corre como si estuviera arriba de un caballo, dando vueltas en ochos alrededor de las mujeres y de Botinelli. El inspector-jefe tose, deplora los deberes de funcionario público y cuando Anita se acerca con un pezón asomando de la blusa, dice alto ahí, lo cual excita enormemente a Anita que tira más y más de la feliz y mojada compungida. Botinelli trata de escapar pero ya es tarde, Anita lo toma del pescuezo y con un tirón salvaje y suave lo mete debajo de su pollera, floripondio de todos los parques y potrillos inventados.
Ya casi amanece, y lo único que se escucha tras dos horas de fricciones desiguales es el estallido de Botinelli debajo de la otra pollera, luego un estornudo y la voz horrible de Anita que se corta las mechas y emprende la huida. Botinelli queda cara a cara con la compungida, piensa en arrestarla pero la deja marcharse con la bombacha torcida. Luego se acomoda el frac y ve al muerto que sigue saltando a lo lejos entre los arbustos. Todo ha sido solucionado, el sol inunda los prados y el mundo vuelve a girar tranquilo y satisfecho. Ay caray, masculla Botinelli.

servido por Rigoletto 9 comentarios compártelo

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

marta drooker

marta drooker dijo

Rigoletto, disculpe, aún no leí completo esto de Botinelli y Anita. Lo que pasa es que un ojo se me fue a la derecha y vi que entre sus lecturas está el gran Jack. Bueno, al menos para mí. Kerouac y Gregory Corso y algunos otros de la generación beat no son usualmente leídos, salvo porque queda chic, te da charme, y te hace lector de culto. Pero viniendo de su joroba, se que no es así. Nuestra relación se hace más estrecha. Para mí es como haber dormido con usted. Y con su otro yo. Un menage a trois literario. Fa!

13 Junio 2007 | 01:09 PM

Rigoletto

Rigoletto dijo

El otro día, charlando con un lector de esos que siempre están más ejercitados que uno, osé mencionarle que estaba leyendo al amigo Jack y sólo obtuve como respuesta: "No me gusta. Lo leés y luego te querés matar". La discusión se cerró en el acto, con una sonrisita tímida de mi parte y nuevos soliloquios por parte de mi interlocutor acerca de autores "menos pesimistas", o como sea.
Teniendo en cuenta cosas como ésas, claro que nuestra relación, la de usté y yo, se hace más estrecha, Marta. No sé si Jack es un gran autor en los términos que hablaba aquel hombre culto, pero sí sé que es un amigo, un amigo que conversa con uno y de paso te regala unas imágenes salvajes y hermosas.
Me arriesgo a pensar que compartimos más amigos, dado que la forma en que usté escribe me hace acordar a muchos de mis más queridos escritores.
Le mando un abrazo, y la insto a seguir practicando la perversión epistemofílica.

13 Junio 2007 | 07:17 PM

El muerto que escribe

El muerto que escribe dijo

Drooker, su comentario me hadejado (como decirlo) emocionalmente alterado. Yo ya no puedo nada por que soy fiambre desde hace mucho pero esta noche (por lo menos) voy a esperar en su baño hasta verla bañarse. No tema, soy un fantasma pacífico, pero si siente algún tocamiento impuro y no fue usted, ya sabe.

Y no se enamore de escritores que dicen que sus personajes se bañan después de anotarse la dirección en la mano, porque o se la anotó con draipen indeleble o se bañó como quien va a doblar a la izquierda. Impresentable.

Suyo: EMQE

13 Junio 2007 | 11:01 PM

flor_deloto

flor_deloto dijo

Mi querido [ y desde hoy -siempre- admirado ] Joroletto: La saga del Inspector Botinelli [ le gusta ver las consonantes juntas a usté ] merece un premio a .... como le explico, no pude de la risa, pero además de reirme me dió una cosa, que como le digo, usté ya sabe mejor que yo [ eso espero para no tener que irme en prosa en su bló ]. Debería existir un Premio Literario Rioplatense, para que se lo ganara usté por el bien uso y abuso de palabras tales como pollera-bombacha-birome o viceversa, birome-bombacha-pollera, que con tanta maestría pone en el lugar indicado. Me asalta una duda, de donde vendrá su trauma con las polleras arrugadas, jeje, pero prefiero no indagar mucho, no vaya a ser que le dé por contarme!
Ay caray, qué historias las suyas .... pobres Anita, el inspector, el muerto resucitado y la llorona que arrastran de las mechas, en fin, espero que la saga continúe en cualquier momento! No deje de deleitarnos con incidentes indecibles de polleras arrugadas y braguetas desobedientes!
;)
Le dejo un saludo, casto, por supuesto!

14 Junio 2007 | 01:57 AM

marta drooker

marta drooker dijo

Ahora sí, ya lo leí. Pocos pueden en este mundo alterar la imagen de Anita Ekberg, la inalterable, justamente. Diría que nadie. Hubo que esperar la llegada del ingeniero del betún para que embadurnara todo esto con hechos artisticos. Todo esto, digo, la vida misma. El no hubiera jamás escrito "bombacha" y menos "torcida", ni mucho menos culo, teta, pezón. sin embargo, yo me juego a que si Marechal, el Marechal que escribió El banquete de Severo Arcángel, estuviera hoy aquí sería su fan, Rigoletto.
Suscribo, además, a lo dicho por flor de loto, sin dudas.

EMQE:
Ah! Anoche no me tocaba baño. No es que sea sucia, sólo friolenta. Pero esta noche de jueves, me llevo el tachito con kerosene al ñoba y espero la tocata y fuga!

14 Junio 2007 | 01:16 PM

Rigoletto

Rigoletto dijo

Ay, cuántas cosas. El primer pensamiento que me asalta, a mano armada, tiene que ver con mi trauma de las polleras. Sí, el que comenta usté, Flor, y que no sólo se ciñe a las arrugadas sino también a las lisas y a las ajustadas, a las cortas y a las largas, a las tipo campana y a las tableadas. De ahí tal vez proviene mi fascinación por las mujeres y por los escoceses, ¿o será al revés?
Gracias por el resto de las cosas que dice, Flor. En cuanto al texto, debo confesarle que fue escrito deliberadamente para divertir y erotizar a una buena amiga de los barrios bajos. Ella es exigente en tales materias, y no le había gustado nada un texto anterior mío en el que empleaba una sarta de retórica de radioteatro, del orden de "te poseeré" o "ven a mí, Carlos Alberto".

14 Junio 2007 | 10:10 PM

Rigoletto

Rigoletto dijo

Sigo.
Gracias a usté, Marta, y gracias a Anita y a Leopoldo, a quienes también les pido perdón eterno.
Amigo muerto, usté sí que me intriga y no lo niego. Estoy a punto de llamar a Botinelli pa que investigue el misterio que se anuda a su incorpórea, lasciva y enigmática presencia. Claro que llamo a Botinelli y no a cualquier otro detective porque mi secreto deseo es que no se aclare nada.
No me gustan las cosas claras.

14 Junio 2007 | 10:22 PM

flor_deloto

flor_deloto dijo

Si Joroletto, usté tiene toda la razón, es más , jejeje, "quiero que seas mía Ya" [ y algunas variantes que no me atrevo a sugerirle dado el tinte literario de su bló ] le funcionará mejor con su amiga de los barrios bajos, y hablando de bajos..... ya ví, usté es ciudadano de los Países Bajos! O tal vez no le fue bien en el pre-escolar/kindergarden/jardíninfantil/etc con sus amiguitas de pollerita tableada! en fin, algún día descubriremos la verdá.
[ usté no será un sastre frustrado? solo estoy arrojando hipótesis al aire ya que descarto que tenga que ver con Escocia el origen de su trauma! ]

14 Junio 2007 | 10:24 PM

Rigoletto

Rigoletto dijo

Sus hipótesis me parecen más que probables. Por supuesto, el problema puede deberse también a que, debido a mi joroba, siempre mi rostro ha quedado a la altura de las caderas de la gente, y eso me ha traído más de un problema en la cola (valga la redundancia) de un banco.

15 Junio 2007 | 04:10 AM

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Montevideo, Uruguay
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No muchos lamentan el estrangulamiento de Rigoletto. Durante su piojosa existencia, sin embargo, este ingeniero del betún se dedicó a escribir y recopilar documentos que hoy inspiran lástima y aumentan nuestro desconcierto. He aquí cómo un contrahecho personaje de arrabal, un vendedor de esmeraldas falsificadas, escondía en su guarida inquietantes manuscritos. En estas sucias páginas se reproducen fielmente las absurdas sensiblerías de El Jorobadito.

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