El inspector-jefe Botinelli en... El caso de los lompas perdidos
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.....Permítame usted, señora, decirle una cosa: los lompas se han perdido dentro del canasto de la ropa sin más rastro que una mancha de tuco donde solía habitar mi entrepierna, se han perdido sin decir adiós, de un modo inenarrable.
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.....Por eso no puedo narrarlo y mejor hablaré de cosas como el guiso de ayer a la noche, de garbanzos y pochoclo, con ligeros toques de jabón en polvo y aceitunas. Era un guiso escandaloso, con todas las letras, de la e a la o, de esos guisos caldosos que atormentan a los parientes, que amenazan con despedazar ollas y lanzar el aluminio por el mundo y por todas las constelaciones de la Vía Láctea, con escala obligada en Orión. Lo comí y aluciné con campos de orquídeas, con alimento balanceado y fue entonces que vino a mi mente el rostro de mi perra Galu, una rottweiller descomunal que mordería al mismísimo Nerón y no le dejaría sanos ni los lompas, ay, pero para qué hablar de los lompas, señora, si no se puede, mejor seguir hablando de Galu, de su trompa melancólica, de sus portentosas tetas, de su instinto de mantícora que pega tan bien con el hermoso aspecto de hydra que proyectan esos ojazos rojos y los escupitajos de fuego. Tan linda, una verdadera delicia si se la cocina al horno con papas y se le quitan las gafas de perro caniche que nunca quiso dejar de usar porque hacían juego con mis lompas, mis lompas señora, esos de los que no puedo hablar porque son inenarrables y me cago en dios de que sean inenarrables, cómo aceptarlo cuando hay tanta miseria en este mundo, señora, cuando uno ve a esas criaturitas por la calle revoloteando cual muros alrededor de Berlín, cual enanitos alrededor de Blancanieves o cosas por el estilo, que ni me quiero acordar porque me largo a llorar de lo amargo y melancólico que está el mundo de hoy, señora, tan amargo que ni el inspector-jefe Botinelli, con su capa enlatada y su verruga interactiva, podría hacer nada por ponerle azúcar. Es que el azúcar está en franca extinción, a pesar de lo que dicen los especialistas para despistarnos, y ya nada será como antes, nunca más podremos regalar un terrón ni dejar al café regodearse en espuma, el mundo está acabado, señora, y yo sin mis lompas, en pelotas bordeando la avenida fatal, donde cientos de autos tirarán vientito a mis inflamadas piernas. Ni me quiero imaginar el invierno, ay, señora, y yo que ni siquiera puedo narrar lo de mis lompas...




mariliendre dijo
Y qué a gusto que me habría comido yo ese guiso de garbanzos contigo y qué sugerente dar saltos por ese campo de orquideas... Aunque te confieso que las orquideas, no
16 Mayo 2007 | 08:25 AM