La Coctelera

El Jorobadito

24 Enero 2007

Roque Pardo soñó que la cucaracha es el único ser capaz de transitar entre la tierra y el infierno.

Roque Pardo soñó que la cucaracha es el único ser capaz de transitar entre la tierra y el infierno. Ida y vuelta. Sin trasbordos.

Roque odiaba a las cucarachas por su forma achatada y su sonido crujiente, y porque las hallaba en número y tamaño alarmantes. Sabía que llegaban a su pieza por un agujero en el piso de madera. Los ataques químicos al orificio infame se consumaban sistemáticamente cada seis horas, con el fin de exterminar también huevos, larvas y cucarachitas bebé.

Pero aquella mañana supo que toda cucaracha enviada prolijamente al infierno, volvería caminando como si nada y aun en el camino, tendría tiempo de acomodar sus patas rotas y su exoesqueleto machucado por la zapatilla. Este hecho no significa que los ovíparos del orden Blattodea tengan poderes sobrenaturales. Tan sólo se arrastran, y en el acto ordinario y marrón de buscar restos de comida pasean, tranquilamente, de la cocina al averno.

Quizás la misma cucaracha que caminó por la pastafrola olvidada en un plato sucio, anduvo pisoteando lo innombrable.

Cómo saberlo.

servido por Rigoletto 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

locaporlaluna

locaporlaluna dijo

Acaban de fumigar en mi trabajo, si conociera los sueños de Roque con anticipación les hubiera aconsejado un ritual previo, previo al encuentro con Caronte.
Me alegra verlo por acá, Jorobadito, ya extrañábamos su extraña belleza, eh?

24 Enero 2007 | 04:51 PM

Rigoletto

Rigoletto dijo

Hola loca!!! El problema es que tampoco sirven los rituales, ellas van y vienen como si nada, sin portales, sin rutas.
Qué suerte volver a verla. Andábamos de vacaciones, entre otros eventos que nos alejaron de este espacio. Se extrañaba.

24 Enero 2007 | 06:11 PM

M

M dijo

Para saberlo, bastaría con preguntarle, a la cucaracha, claro. Hay que ver si contesta, pero ese es otro tema.
Otra opción sería no dejar pastafrolas olvidadas.
Al final, no es la humedad lo que mata, sino el olvido.

24 Enero 2007 | 06:46 PM

marta drooker

marta drooker dijo

La culpa no es del chancho, Joro. Por qué dejamos restos de pastafrola en, para colmo, un plato sucio? ¿Por qué olvidamos tirar la cadena del baño y allí queda parte nuestra flotando en un arroyo sin salida al mar? por qué abandonamos agnolottis en una cacerola sin tapa durante toda la noche?. ve que estamos todos locos? Por un lado las convocamos y por el otro las pulverizamos a chancletazos!. A veces cansa ser un ser humano. No cree que las cucarachas son menos contradictorias?
Verlo de nuevo por aquí me da náuseas de felicidad!!!

25 Enero 2007 | 04:07 PM

Rigoletto

Rigoletto dijo

Estoy de acuerdo con usté, Marta. Sucede que en el infierno no hay pastafrolas, ni agnolotis, como es de esperar (tampoco hay en el cielo). Usté propone que las dejemos pasar, nomás, y que las bichas, al encontrarse con un mundo pulcro, discreto en el comer y en el cagar, ascéptico ("dejé el baño como un laboratorio, decía mi madre"), se quedarían definitivamente en el infierno?
Qué bueno hacerla feliz querida amiga.
¿Se da cuenta cuan relacionados están nuestros últimos post? Podría decirse que nos estábamos extrañando.

25 Enero 2007 | 05:25 PM

marta drooker

marta drooker dijo

Pero sí, Joro! Estamos unidos en el extrañar! Mire, yo siempre he tenido una duda. Para mí que las cuca están en el lugar correcto. Somos nosotros los que le usurpamos el lugar. somos los invasores. Tengo la fantasía recurrente que alguna vez, un chancletazo termine con nuestra usurpación. Usté no?

26 Enero 2007 | 02:51 PM

Rigoletto

Rigoletto dijo

Fa, nunca se me había ocurrida, pero sin duda que lo merecemos al chancletazo. Qué lástima que Roque no soñó eso (aunque todavía está a tiempo).

26 Enero 2007 | 04:32 PM

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Montevideo, Uruguay
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No muchos lamentan el estrangulamiento de Rigoletto. Durante su piojosa existencia, sin embargo, este ingeniero del betún se dedicó a escribir y recopilar documentos que hoy inspiran lástima y aumentan nuestro desconcierto. He aquí cómo un contrahecho personaje de arrabal, un vendedor de esmeraldas falsificadas, escondía en su guarida inquietantes manuscritos. En estas sucias páginas se reproducen fielmente las absurdas sensiblerías de El Jorobadito.

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