Roque Pardo despertó una mañana sin poder recordar lo que había soñado.
Roque Pardo despertó una mañana sin poder recordar lo que había soñado, pero con la certeza de que había sido algo maravilloso. Cerró los ojos para evitar que las imágenes se escaparan, sin obtener resultados. Barajó ideas al azar, con la esperanza de que alguna de ellas sirviera como anzuelo para capturar el color y la textura de aquel prodigio onírico, aunque también sin suerte. No obstante, supo, cada vez con mayor intensidad, que el sueño era imprescindible y absoluto. Estimó que las sombras de su mente se habían conjugado milagrosamente en formas reveladoras, aunque sin poder precisar cuáles eran esas formas. Tal vez se refirieran a su pasado uterino o a su demorado encuentro con Dios.
Lo cierto, sin embargo, era que el sueño carecía de contenido. No tuvo despliegue en el tiempo ni color ni textura. Tan sólo consistió en la idea retrospectiva de su existencia.
Ilustración: R. González Fernandez (1985) "Todo se escapa"


locaporlaluna dijo
A mí me sucede todos los días, con la diferencia de que a la mañana siguiente no lo escribo tan bien
un abrazo Rigoletto
14 Septiembre 2006 | 04:23 AM