Destino de muerte II (Antítesis)
¿De qué te ha servido
insistirle sordamente a un espejo?
Si devolviendo la mirada al insolente artefacto,
sabés que ya estás muerto para siempre.
¿A qué viene, entonces, ese parco flujo de tristeza?
Si ya estaba abolida tu duración
antes de haber capturado el copete del panadero
que venía a diseñarte un presagio.
Que liberaste, casi un segundo después,
empeñando eficazmente la fuerza de unos tiernos pulmones.
Soplando, hasta quedar color magenta,
obligado por esa infame tentación de infinito.


locaporlaluna dijo
olalá qué buen poema...
gracias por el efecto infinito que quedó haciendo eco en mi cerebro
11 Septiembre 2006 | 03:27 AM