Roque Pardo soñó un destino simétrico
Roque Pardo soñó un destino simétrico (1). El Universo, llegado un instante en su evolución, cesará de expandirse e iniciará una paulatina contracción siguiendo los mismos rieles cósmicos que utilizó en su primera etapa. Luego de alcanzar su máximo tamaño posible, las fuerzas gravitatorias atraerán la materia, de modo que el espacio disminuirá hasta atrapar la infinita nimiedad que constituye la Nada. A la disminución progresiva del espacio se sumará el retorno minucioso de todos los acontecimientos. En términos estrictos, no es lícito hablar de una contracción del tiempo (2). Más bien, se trata de que el Universo no conoce otros caminos que los ya andados, y por lo tanto elegirá necesariamente para su destrucción los mismos medios que hoy todavía diseñan su prosperidad. En otras palabras, el tiempo no dejará de ser lineal; será la materia la que se conjugue en forma simétrica.
Las consecuencias de ese sueño son sugestivas. Cada hombre vivirá dos vidas, hechas de idéntica tela, aunque radicalmente distintas . Su existencia retornará, precisa, en el sentido contrario. Adquirirá espontáneamente el calor de la vida a partir de un mustio cadáver. Tendrá ocasión de renovar cada lealtad y cada infamia, para luego extraviar su recuerdo. Acaso una o varias mujeres, las pretéritas, volverán a colmarlo, reeditarán su ímpetu y sus contradicciones. Sin embargo, lo que en la trama actual ha sido un encuentro, en el remoto mañana será la última, eterna despedida. Por fin, la muerte, tibia y uterina, lo consumirá poco a poco hasta perderlo en una cópula y en el pasado.
(1) Pardo, R., Sueños Completos, 23/1/1983, sueño 2.
(2)En este punto, el sueño de Pardo contradice la hipótesis nietzscheana del eterno retorno. De acuerdo a los caprichos del inconsciente pardiano, no existe más que un retorno, e inverso.


M dijo
Mira si en realidad ya estamos volviendo, creyendo que estamos de ida.
24 Septiembre 2006 | 02:36 AM