La Coctelera

El Jorobadito

17 Noviembre 2007

Liliana y Federico

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Cinco Lilianas y nadie entiende.
La primera Liliana casca la tiza contra el pizarrón, ansiosa por explicar el múltiplo común mínimo en verde y blanco. A veces se distrae y mira por la ventana, hay tres gallinas en el huerto de la escuela y un conejo. Casca la tiza muchos días del año, de 8 a no sabe cuántas horas. Carolina presta atención y copia. Federico mira los números pero se pregunta mil cosas; entre ellas, cuánto se tarda en ser guerrero de Macedonia. Daiana charla a los gritos con Leticia sobre unos brillitos nuevos. Matías y Juan Manuel juegan al truco.
La segunda Liliana se sube al coche y pasea hasta que se cansa. Archivaldo es su marido, pero a él no le gusta pasear y se queda en casa ahuyentando las palomas del patio a patadas. Por las noches, Liliana y Archivaldo preparan la cama tirando cada uno de una punta de la sábana. Eso les gusta. Luego se acuestan, cada uno lee su libro. No sabe lo que es el mundo, piensa Archivaldo de Liliana antes de dormirse. No sabe lo que es el mundo, piensa Liliana de Archivaldo.
La tercera Liliana va a visitar a su tía enferma. La pelusa de los plátanos le ablanda los mocos porque es primavera. La tía tiene una enfermedad que no se sabe qué es y nadie la visita y a Liliana le da vergüenza que nadie la visite. Hace 22 días que está internada. Habla poco porque se siente mal o porque no sabe bien qué decir. Liliana se queda sentada. Piensa que nunca la quiso demasiado a la tía y se pregunta si servirá para algo visitar a alguien que no se quiso demasiado. Quizás va porque hace poco murió mamá y la tía es la única hermana de mamá. Si se muere la tía, va a haber mucha muerte junta.
La cuarta Liliana se mete abajo de la mesa del patio cuando no hay nadie y llora. La mesa es de cemento y mosaicos chiquitos y blancos. Los asientos también. Liliana se arrodilla en el piso y se deja caer sobre uno de los bancos. Llora fuerte porque cree que los vecinos están trabajando y no la escuchan. Carmen, una señora de 45 años que vive en un edificio alto, la ve desde el balcón y le parece que pasa algo raro. Luego se mete en el departamento y dice en voz baja que no, que aquella mujer no estaba llorando, o quizás sí pero la gente necesita llorar y de eso no hay dudas.
La quinta Liliana casca la tiza contra el pizarrón, ansiosa por explicar el divisor común máximo. Daiana charla. Carolina copia, Matías y Juan Manuel juegan. Federico mira los números y piensa que debería haber escaleras en las calles para subir a caminar por otras calles que estén en el aire. Las gallinas no están porque se largó a llover, entonces Liliana se siente cansada y deja la tiza. Camina hasta la quinta fila y acaricia el pelo de Federico. Le pregunta en qué piensa y él le dice que en las calles del aire y en la gente que camina por esas calles y en los autos del aire y en la gente que maneja esos autos. Liliana no entiende mucho pero se sienta al lado, lo aprieta y le dice te quiero. Y Federico sonríe y piensa en el buche de los pelícanos.

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23 Octubre 2007

Tatiana y Pintor

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Tatiana está en el sillón con las piernas cruzadas como india. Lee el capítulo 5 de Rayuela. Una mosca gigante entra por la ventana y ella corre a los gritos hasta una esquina del comedor. La mosca dibuja eses y zetas muy extrañas. Tatiana piensa en matarla y también piensa en las letras perdidas de un abecedario antiguo.
Pintor se despierta.
Pintor es su perro.
Pintor es grande y cariñoso.
Tatiana agita los brazos, salta y tiene miedo. Las moscas le dan miedo, pero sobre todo le da miedo dejar capítulos inconclusos en las novelas. Se le ocurre que los personajes la están esperando, y que sin ella se van a perder o no van a saber qué hacer. Confía menos en los escritores que en sus propios ojos.
Pintor bosteza.
Pintor parece una morsa.
Pintor camina.
Pero ella es chicata, entonces usa lentes aunque no le gustan y quisiera que el mundo no fuera así, que no existiera la hipermetropía ni el mondongo ni los policías con cara de malos. Las hojas del capítulo 5 bailan en el aire y Pintor se acerca.
Pintor mueve la cola.
Tatiana se enoja y lo azuza. Está ocupada con la mosca y no quiere que Pintor se ponga a jugar, pero no sabe cómo hacer con todo eso, porque cada vez que Tatiana ahuyenta a la mosca, Pintor cree que Tatiana lo llama. Tatiana se convence de que los perros son tontos, que no sirven para nada y que son muy lindos. Ahora que la ventana está abierta de par en par y que la mosca no sale, ve la planta del patio y cree que habría que podarla. ¿Las plantas se dan cuenta si una las quiere?
Pintor ladra.
Tatiana trata de acorralar a la mosca hasta la ventana, pero es medio petisa y a veces se le escapa por arriba y entonces vuelve para atrás y empieza de nuevo. Así se puede estar mucho tiempo, porque las moscas no se cansan. Tatiana querría tener una foto de todo lo que pasa pero no hay nadie para sacar la foto. Quisiera que dentro de un año pasara lo mismo. Quisiera renacer dentro de tres siglos y ver qué pasó en el mundo, porque no es justo vivir y no enterarse de nada.
Quizás no habría más acné. Pintor no lo sabe y no sonríe.
Pintor se fatiga.
Pintor necesita comer menos alimento balanceado.
Sin acné y con autos que vuelan, las cosas seguro que andarían mejor. Tatiana no sabe bien qué hacer, si llamar a su mamá que duerme la siesta o si volver a sentarse. La mosca salió y volvió a entrar. Ahora dibuja ochos, debe estar medio perdida, ¿qué hace una mosca volando en ochos por cualquier parte?
Tatiana se aburre, pero no sabe si de la mosca o del libro o del sol que hay afuera. Ahora que lo piensa, le parece aburrido que haya tan pocos eclipses. El sol es de fuego pero no siente nada porque está muerto.
Pintor se alborota.
Tatiana busca un vaso de agua. Pintor salta y se lo vuelca y Tatiana se sirve otro vaso. Se sienta. Abre en la página 45 aunque dejó en la 47. Quiere leer todo el capítulo de nuevo. Pide perdón a los personajes. Faltan 4 horas y media para que anochezca y mamá haga la cena y ella lave los platos. Hoy no hay nada en la tele. Mañana quizás llama a Sabrina, pero no sabe si estará. Odia las vacaciones.
Pintor salta.
Pintor se come la mosca.
Pintor se tira a los pies de Tatiana.

Tags: amor, perro, cuento

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22 Octubre 2007

niña que ya no me duele

Un adole
le dañe, le ne
pero dile ñe,
ñi,
ñac,
no no dol,
doll ñita,
ya no ñele,
dele duelo,
miñe, liñe,
duele, do, lle
en eñe, me que ñu
me ve, le dal,
ñina queme,
queme.

Tags: niaaa, poesia

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12 Septiembre 2007

Dulce de leche

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El primer problema que se me presenta con el dulce de leche es de dónde sacarlo. Los supermercados no me gustan porque siempre me pierdo entre las góndolas, y el almacén que tenía cerca de casa cerró el mes pasado. Hace unos días quise preparar dulce de leche yo mismo, pasé revolviendo como diez horas, y al final me quedó blanco arriba y quemado abajo. La verdad es que, si yo decidiera las cosas que suceden en este mundo, lo que haría es que el dulce de leche salga de un pozo de la tierra, como el petróleo, y que fuera gratis, como el agua de la canilla.
Una vez obtenido el dulce y empaquetado en un estuche de cristal fino, lo llevaría a una fiesta cualquiera, haría una burbuja enorme de dulce de leche soplando con un sorbete y la reventaría en la cara de alguno que se quedó dormido.
Otra cosa que haría es untar un globo de helio con dulce de leche y largarlo al aire, a ver si vuela.
Le cambiaría el nombre. Seguramente cualquier apodo que se me ocurra ahora va a sonar ridículo, pero, si lo pensamos bien, no serían inadecuados nombres como “manjar del misterio” o “elíxir del lecho del Río de la Plata”.
Llenaría una olla con dulce de leche, una bañadera con dulce de leche, una piscina gigante con dulce de leche, y batiría hasta formar un remolino peligroso, de esos que tragan náufragos y barcos. El remolino empezaría a girar por sí mismo. Pondría a un hombre al borde de esa piscina y le haría elegir si salta o no. Quizás yo sería ese hombre, aunque todavía no estoy seguro.
El punto anterior del remolino me trae la idea de que el dulce de leche, así de manso que parece, es capaz de tragarnos a nosotros si le damos la chance. Nos puede atrapar y digerir lentamente, como una especie de pantano glotón y legendario.
Cambiemos de tema. Algo que se me ocurre es leer a la gente la borra del dulce de leche, es decir, las huellas que deja en el frasco. Por supuesto, iría a las plazas y haría gestos de vidente entrenado mientras lo hago. Nada en mi cara dejaría ver a los otros que estoy mintiendo.
Inventaría un mecanismo para poder transmitir dulce de leche por teléfono, a través de los cables o vía satélite.
Ya que hablamos de negocios, también inventaría un nuevo método de depilación con dulce de leche. Calentaría el dulce de leche en la estufa y lo aplicaría a las piernas. Al enfriarse, tiraría con toda mi fuerza y las mujeres gritarían.
Algo que haría y que no tiene nada que ver con el dinero es poner el dulce de leche bajo la luz de un candelabro antiguo, solamente para mirar el brillo de los rulos color castaño.
Llenaría una hoja en blanco con cientos de huellas de mi dedo pulgar, impresas en dulce de leche. Se formaría una especie de laberinto con pequeños surquitos por todos lados. Luego agarraría un lápiz y, desde el centro del laberinto de dulce de leche, trataría de llegar a la salida.
Llevaría el dulce de leche al polo, lo congelaría y haría ladrillos, ladrillos de dulce de leche, para construir mi casa.
Usaría el dulce para practicar hechizos, mezclado con esencia de vainilla y azafrán.
A veces me sale la maldad de adentro, y entonces convertiría al dulce de leche en pescado, en preso de cárcel de Mongolia, en abejorro de un panal perdido. Es que puede pasarme que me empalago, o se me cae la cuchara y en vez de ir a limpiar todo, me tomo venganza con el pobre dulce de leche.
Cuando me enojo soy terrible y trato de rebajar al dulce de leche a la instancia de croqueta. Para que no se haga el interesante, para que se acostumbre a las durezas del pan.
Mediría el tiempo que tarda en caer una gota larga, muy larga de dulce de leche. Grabaría su caída en video y pensaría en la eternidad.
Hablando de cosas filosóficas, les cuento que un hilo de dulce de leche puede ser infinitamente dividido, según el griego Zenón, de tal forma que no llego nunca a lamerlo, porque para lamer el hilo entero de dulce tengo que lamer primero la mitad, y para lamer esa mitad tengo antes que lamer la mitad de la mitad, y para lamer la mitad de la mitad tengo que antes lamer la mitad de la mitad de la mitad, y así podría seguir un rato muy muy largo pero la verdad que no quiero aburrirlos para siempre. La cuestión es que nunca pruebo ni un bocado de dulce de leche.
A veces, dependiendo del humor, retorcería todas las cosas que me rodean hasta hacerlas a todas de dulce de leche. Cambiaría hasta el aire por dulce de leche, ¿me entienden? Sería como una especie de mundo de dulce de leche.

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21 Agosto 2007

Acerca de si se van a acabar los libros

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Es mentira, nada se va a acabar, nada se acaba, nada se acabó nunca, sólo las personas es cierto, pero nacen otras nuevas y todo vuelve a ser como antes, no hay de qué preocuparse, eso me lo dijo un profesor en la escuela, no te preocupes por el paso del tiempo no hagas grandes declaraciones no llores lo que aún no terminó porque al fin y al cabo siempre vuelve a nacer algo casi tan igual como lo otro, eso sí, nunca regales flores a nadie, es un gesto de mal gusto.
No me acuerdo del nombre de ese profesor, tengo un problema para los nombres lo admito, y también para las caras, a veces se me confunden en la mente y se me arma un lío bárbaro de caras, tengo tantas fotos guardadas en la computadora con caras que no recuerdo ni la mitad y eso me da un poco de culpa, como es razonable, porque si yo fuera una de esas caras se me caería un lagrimón de saber que no me recuerdan, al fin de cuentas una de las cosas que me hace más feliz y que debe hacer más feliz al resto de la gente es saber que alguien como un amigo o una novia que me dejó o ese profesor del que no me acuerdo el nombre me recuerdan.
La computadora ayuda un poco con eso porque guarda todo y ahora con el disco duro nuevo guarda todo todo pero a mí se me olvida poner los nombres de la gente al lado de cada foto o a veces me acuerdo pero no me dan ganas y digo para qué si no me voy a olvidar de los nombres de las personas, yo sé que me estoy mintiendo pero qué le vamos a hacer uno a veces disfruta de engañarse a sí mismo, yo a veces juego a mentirme y entonces trato de convencerme de cosas increíbles como la inteligencia de las tortugas o la capacidad amatoria de los teléfonos, la parte de mí que engaña se divierte mucho y la otra parte no se da cuenta así que no hay ningún problema, todo funciona a las mil maravillas, yo creo que el cerebro humano es también como una computadora, es casi tan inteligente como una computadora, y puede inventar juegos y pesadillas, películas y todas esas cosas, a veces incluso se nos cuelga el cerebro pero eso no es divertido.
No me acuerdo de nada en verdad, si hubiera tenido la computadora desde hace más tiempo le habría podido sacar una foto al profe o filmar la clase mientras él decía que el tiempo no importaba y que las cosas son todas iguales entre sí, hasta un ser humano y una mosca tienen casi el mismo código genético, eso tengo que confesar que me parece una exageración, pero en otras cosas sí que estoy de acuerdo con el profe, por ejemplo el ser humano y el perro o el mono y hasta incluso una oveja, una vez fui al campo y vi a una oveja saltando como si fuera un perrito, así que si las ovejas son parecidas a los perros y los perros a las personas, entonces las ovejas son también parecidas a las personas, juegan y son cariñosas, la verdad que si yo fuera granjero no las mataría cuando dejan de dar lana, tendría una habitación llena de ovejas que no dan más lana y listo, serían mis mascotas, les sacaría fotos y las guardaría en archivos de la computadora como guardo las fotos de las personas, eso sí, tendría que acordarme siempre de ponerles el nombre, porque si hay algo seguro es que las ovejas son todavía más difíciles de distinguir entre sí que los seres humanos.
Por eso, y volviendo al tema, las cosas no se acaban y los libros no se acaban y los escritores no van a dejar de escribirlos, lo que sí puede pasar es que yo a veces me olvide del título de alguno o de lo que dijo la señora Dalloway cuando organizaba una fiesta, de hecho no me acuerdo del nombre del marido de la señora Dalloway ni tampoco por qué daba la fiesta y eso que lo leí hace poco, pasa que apenas terminé agarré otro libro y se me mezclan las cosas, tendría que armar también fichitas de los libros en la computadora, eso sería útil así puedo recordar lo que leo, el gusto por la lectura es algo de familia, nos gustan los libros y las revistas y también los diarios, porque a pesar de lo que diría mi profe la actualidad es otro tema importante al que debemos prestar atención, nada cambia pero todo cambia y punto y vuelta a empezar.

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17 Agosto 2007

Final de charla

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(...)


Él: Bueno, che, te dejo, un beso grande...
Ella: Dale, saludos, nos vemos...
Él: Linda charla la de hoy...
Ella: Linda charla...
Él: Chau, che.
Ella: ...me olvidé de mi tristeza un rato.
Él: Hasta luego.
Ella: Chau.

Tags: charla, tristeza

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8 Agosto 2007

Nastraienie (fin)

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“...a la vez lo cómico y una indefinible melancolía; un sentimiento que es mezcla de añoranza y anhelo y que los rusos designan con el intraducible vocablo ‘nastraienie’”.

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7 Agosto 2007

Nastraienie (5)

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No muchos lamentan el estrangulamiento de Rigoletto. Durante su piojosa existencia, sin embargo, este ingeniero del betún se dedicó a escribir y recopilar documentos que hoy inspiran lástima y aumentan nuestro desconcierto. He aquí cómo un contrahecho personaje de arrabal, un vendedor de esmeraldas falsificadas, escondía en su guarida inquietantes manuscritos. En estas sucias páginas se reproducen fielmente las absurdas sensiblerías de El Jorobadito.

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